8 de diciembre de 2025

Carlos Soto y El Nido emocionan en la primera gran noche del Parapanda Folk 2025

Foto: Junta de Andalucia

El festival de Íllora celebra su 34ª edición con una vibrante jornada en la que Castijazz y El Nido fusionaron tradición, modernidad y compromiso social

Tomando prestado ese “Todo pasa y todo queda” de los Cantares de Antonio Machado, tan vinculado a la música tradicional, el Parapanda Folk arrancó la primera gran jornada de su 34ª edición con dos actuaciones que encarnaron a la perfección el espíritu del festival: memoria, identidad y unión a través de la música.

En el Anfiteatro Enrique Morente de Íllora, se dieron cita Carlos Soto con su proyecto Castijazz y la banda burgalesa El Nido, dos propuestas que demostraron cómo el folk puede ser al mismo tiempo raíz y renovación.

La noche comenzó con Castijazz, el sexteto liderado por Carlos Soto, antiguo miembro de Celtas Cortos y referente del folk nacional. Con su tercer trabajo, Barrio Mudéjar, Soto se sumerge en las músicas sefardíes, moriscas y orientales, sin dejar de lado los sonidos tradicionales ibéricos que forman parte de nuestra memoria colectiva. Su repertorio fue un canto a la diversidad y la paz, especialmente en temas como El romance de la molineraSiete modos de guisar la berenjena o el emotivo Lamento por Gaza, que llenó el escenario de esperanza y tolerancia.

Paisaje sonoro rico

Junto a la voz de Laura Pérez, el grupo desplegó un paisaje sonoro rico y multicultural con instrumentos como el ney, el úd, el rubab, el contrabajo, la flauta y el piano, en una propuesta que abrazó las tres culturas y ofreció una experiencia de escucha profundamente evocadora.

Le siguió El Nido, una de las formaciones jóvenes más potentes del folk nacional, que ha logrado más de 150 conciertos en apenas tres años. Con su disco La constancia, el grupo reformula jotas, charros, ajechaos y ruedas burgalesas con una sonoridad contemporánea, sin perder el alma popular. Temas como PerdónÍcarosDejarse caer o Ronda al canto —en la que invitaron a Carlos Soto y Laura Pérez al escenario— mostraron el equilibrio perfecto entre tradición y vanguardia.

Especialmente emocionantes fueron Somos castellanos, himno de hermanamiento entre pueblos compuesto en la Transición por Grupo Orégano, y Arrorró, una bellísima canción de cuna dedicada a las madres que nos cuidaron y cantaron.

Con instrumentos como el bouzouki, los panderos o la lata de pimentónÁlvaro Herreros, Nacho Prada, Eneko Lecumberri, Rodrigo Antón y Peio Lecumberri pusieron al público en pie con los temas finales, El castañero y Tucucu—este último con la colaboración en disco de Rodrigo Cuevas—, logrando una mezcla explosiva de emoción, fuerza escénica y reivindicación de las raíces.

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